Pocas situaciones concentran tanta exigencia psicológica como los minutos previos a una vista. Hay exposición pública, evaluación por terceros, responsabilidad sobre el asunto de otra persona e incertidumbre sobre un resultado que no depende enteramente de uno. Que el organismo reaccione ante eso no es una anomalía: es exactamente lo que el sistema de alerta está diseñado para hacer.
La activación no es el problema
La relación entre activación y rendimiento se divulga habitualmente mediante la curva de Yerkes-Dodson: un rendimiento que mejora al aumentar la activación hasta un punto óptimo y que decae a partir de ahí. Conviene usarla como recurso didáctico y no como evidencia —la formulación original es de 1908 y su generalización está discutida—, pero la idea que transmite sí está bien establecida: la activación es un recurso, y su exceso, un coste.
El problema aparece cuando la activación deja de ser funcional e interfiere: cuando el pensamiento se acelera hasta perder el hilo del argumento, cuando la voz no responde, cuando la noche anterior no hay descanso posible, o cuando la anticipación empieza días antes del señalamiento y no se apaga hasta que termina.
Qué ocurre exactamente en el organismo
Ante un estímulo evaluado como amenaza se activan dos sistemas con tiempos distintos. El primero, el eje simpático-adrenal-medular, responde en segundos: liberación de catecolaminas, aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, tensión muscular, redistribución del flujo sanguíneo y estrechamiento del foco atencional. El segundo, el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, opera en minutos y sostiene la respuesta mediante la liberación de cortisol.
La segunda vía es la relevante para el rendimiento profesional. La exposición a niveles elevados de catecolaminas y glucocorticoides deteriora la función de la corteza prefrontal —la estructura que sostiene la memoria de trabajo, la planificación y la inhibición de respuestas— y desplaza el control conductual hacia circuitos más automáticos y menos flexibles (Arnsten, 2009). Traducido a la sala: se conserva la capacidad de reaccionar y se pierde la de razonar estratégicamente, que es justo lo contrario de lo que una vista exige.
Por qué aparece el bloqueo: eficacia y eficiencia
La sensación de quedarse en blanco tiene una explicación precisa. La teoría del control atencional (Eysenck, Derakshan, Santos y Calvo, 2007) distingue entre eficacia —la calidad del resultado— y eficiencia —los recursos que ese resultado consume—. La ansiedad deteriora primero la eficiencia: la preocupación ocupa capacidad del ejecutivo central, de modo que sostener el mismo desempeño exige un esfuerzo mucho mayor. El deterioro afecta especialmente a las funciones de inhibición y de alternancia atencional. Cuando la demanda de la tarea supera la capacidad residual, la eficacia también cae, y entonces aparece el bloqueo.
Esto merece subrayarse porque en consulta se confunde sistemáticamente: quedarse en blanco con el asunto bien preparado no es un fallo de preparación ni un déficit de memoria. Es una limitación transitoria de la memoria de trabajo por sobrecarga atencional. La revisión de Shields, Sazma y Yonelinas (2016) confirma que el estrés agudo afecta de manera diferencial a las funciones ejecutivas, con un impacto particularmente consistente sobre la memoria de trabajo.
Por qué el contexto jurídico lo intensifica
La vista reúne en poco tiempo varios estresores que por separado ya son exigentes: exposición pública ante el tribunal y ante el letrado contrario, evaluación permanente, responsabilidad sobre algo decisivo para otra persona y ausencia de control sobre el resultado. Esta última variable es la que más peso tiene: los modelos clásicos de estrés laboral identifican la combinación de alta demanda con bajo control como la configuración que mejor predice la aparición de tensión psicológica (Karasek, 1979).
A ello se añade una exigencia poco reconocida: la de no mostrar duda. La cultura profesional premia la seguridad y penaliza la vacilación, de modo que el letrado no solo gestiona la situación, sino también la apariencia de estar gestionándola bien. En términos técnicos, esto es atención autoenfocada: el foco se desplaza desde la tarea hacia la propia imagen y hacia la monitorización de los signos visibles de ansiedad. El modelo cognitivo de la ansiedad social (Clark y Wells, 1995) describe con precisión este mecanismo y explica por qué se autoperpetúa: cuanto más se vigila uno mismo, menos recursos quedan para el asunto y más se confirma la sensación de estar rindiendo por debajo.
Ansiedad estado y ansiedad rasgo
Dos personas pueden describir «nervios antes de una vista» y estar hablando de fenómenos distintos. La ansiedad estado es una condición emocional transitoria, ligada a una situación concreta y de intensidad variable. La ansiedad rasgo es una disposición relativamente estable a percibir un rango amplio de situaciones como amenazantes y a responder con elevaciones del estado (Spielberger, 1983). La distinción no es académica: determina el abordaje. Una activación estado elevada en un profesional con rasgo bajo se trabaja sobre la situación; una activación estado sostenida sobre un rasgo alto exige un trabajo distinto y más prolongado. Es también la razón por la que una evaluación inicial con instrumentos que separen ambos componentes ahorra tiempo terapéutico.
Señales que conviene no normalizar
Los nervios antes de una actuación procesal son esperables. Otra cosa distinta es que se instalen:
- La anticipación comienza días antes del señalamiento y ocupa el tiempo de descanso.
- Aparecen síntomas físicos recurrentes: insomnio de conciliación la víspera, molestias gastrointestinales, tensión cervical o mandibular.
- Se evitan determinadas actuaciones, o se delegan sin una razón profesional que lo justifique. La evitación es el indicador de mayor valor clínico, porque es el mecanismo que consolida el problema.
- Tras la vista cuesta desactivarse y aparece la revisión mental repetida de lo que se dijo.
- La sensación de bloqueo se repite pese a llevar el asunto bien preparado.
Qué funciona antes de una actuación
La activación se regula principalmente por vía fisiológica. Intentar convencerse de que no pasa nada rara vez funciona, porque la respuesta ya se ha iniciado; lo que sí funciona es intervenir sobre ella.
- Respiración lenta con espiración prolongada. Respirar a un ritmo aproximado de seis ciclos por minuto, alargando la espiración por encima de la inspiración, incrementa la actividad vagal y la variabilidad de la frecuencia cardíaca, con reducción medible de la activación subjetiva y fisiológica (Zaccaro et al., 2018). Es la única herramienta de esta lista que puede aplicarse en la propia sala sin que nadie lo advierta.
- Anclaje atencional en estímulos externos. La ansiedad anticipatoria opera sobre escenarios futuros. Dirigir deliberadamente la atención a estímulos concretos del entorno interrumpe la proyección y, sobre todo, revierte la atención autoenfocada descrita más arriba, que es la que consume capacidad.
- Ensayo de los primeros minutos. Preparar con detalle la apertura, y no solo el fondo, reduce la carga de decisión en el tramo de mayor activación, cuando la memoria de trabajo está más comprometida.
- Expectativa calibrada. El objetivo no es la ausencia de activación. El enfoque de aprendizaje inhibitorio aplicado a la exposición (Craske et al., 2014) muestra que el resultado terapéutico no depende de que la ansiedad baje durante la situación, sino de comprobar que se puede ejecutar con ella presente. Perseguir la calma total es, de hecho, contraproducente: convierte la propia ansiedad en una amenaza añadida.
- Rutina previa estable. Repetir la misma secuencia antes de cada actuación aporta previsibilidad y libera recursos. La condición es que sea una rutina y no un ritual: si omitirla genera malestar, ha pasado a funcionar como conducta de seguridad y conviene revisarla.
El betabloqueante: qué hace y qué no
El uso de propranolol antes de las vistas es una práctica extendida y poco comentada en el sector. Conviene precisar qué hace: bloquea los efectos periféricos de las catecolaminas, de modo que reduce taquicardia, temblor y sudoración. Es decir, actúa sobre la manifestación somática, no sobre el procesamiento cognitivo que genera la anticipación ni sobre la sobrecarga de la memoria de trabajo. Puede ser una decisión médica razonable en situaciones puntuales —y su indicación corresponde exclusivamente al facultativo—, pero como estrategia estable presenta dos problemas: no modifica el mecanismo que sostiene el cuadro y consolida la atribución de la propia competencia a un factor externo, que es precisamente el patrón que después hay que deshacer en consulta.
Después de la vista: desactivar, revisar, no rumiar
El cierre importa tanto como la preparación. Tras una actuación exigente el organismo necesita desactivarse, y ese proceso no ocurre solo si inmediatamente después se encadena otra tarea. El modelo de esfuerzo-recuperación (Meijman y Mulder, 1998) es explícito: la recuperación requiere el cese efectivo de la demanda, no simplemente su sustitución por otra.
Conviene además distinguir dos operaciones mentales que se parecen y no lo son. Revisar es analizar qué funcionó y qué se haría distinto: tiene un objeto definido, un final y produce aprendizaje. Rumiar es repasar lo mismo sin conclusión, con foco en el malestar y no en la solución (Nolen-Hoeksema, Wisco y Lyubomirsky, 2008). La diferencia no es solo de eficacia. La hipótesis de la cognición perseverante (Brosschot, Gerin y Thayer, 2006) sostiene que es precisamente la prolongación cognitiva del estresor —y no el estresor en sí— lo que mantiene la activación fisiológica más allá de la situación, y lo que explica que la carga acabe expresándose en insomnio, alteraciones digestivas o cefalea tensional. Rumiar sobre una vista de la semana pasada tiene, en el cuerpo, el mismo efecto que volver a celebrarla.
Cuándo conviene consultar
Cuando la ansiedad anticipatoria condiciona decisiones profesionales, cuando interfiere de forma sostenida en el descanso, cuando aparece evitación de actuaciones, o cuando el malestar se mantiene al margen de cómo vaya realmente el asunto, deja de ser una reacción puntual y pasa a ser un patrón que merece atención.
El trabajo psicoterapéutico en estos casos no consiste en eliminar los nervios, sino en devolverlos a una intensidad en la que jueguen a favor. Y hacerlo con alguien que conozca el contexto —los tiempos procesales, lo que significa una vista, lo que se espera de un letrado en sala— acorta el proceso, porque no hay que dedicar las primeras sesiones a explicar cómo funciona la profesión.
Referencias
Arnsten, A. F. T. (2009). Stress signalling pathways that impair prefrontal cortex structure and function. Nature Reviews Neuroscience, 10(6), 410-422.
Brosschot, J. F., Gerin, W., & Thayer, J. F. (2006). The perseverative cognition hypothesis. Journal of Psychosomatic Research, 60(2), 113-124.
Clark, D. M., & Wells, A. (1995). A cognitive model of social phobia. En Heimberg et al. (eds.), Social Phobia: Diagnosis, Assessment and Treatment. Guilford Press.
Craske, M. G., Treanor, M., Conway, C. C., Zbozinek, T., & Vervliet, B. (2014). Maximizing exposure therapy: An inhibitory learning approach. Behaviour Research and Therapy, 58, 10-23.
Eysenck, M. W., Derakshan, N., Santos, R., & Calvo, M. G. (2007). Anxiety and cognitive performance: Attentional control theory. Emotion, 7(2), 336-353.
Karasek, R. A. (1979). Job demands, job decision latitude, and mental strain. Administrative Science Quarterly, 24(2), 285-308.
Meijman, T. F., & Mulder, G. (1998). Psychological aspects of workload. En Handbook of Work and Organizational Psychology. Psychology Press.
Nolen-Hoeksema, S., Wisco, B. E., & Lyubomirsky, S. (2008). Rethinking rumination. Perspectives on Psychological Science, 3(5), 400-424.
Shields, G. S., Sazma, M. A., & Yonelinas, A. P. (2016). The effects of acute stress on core executive functions. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 68, 651-668.
Spielberger, C. D. (1983). Manual for the State-Trait Anxiety Inventory. Consulting Psychologists Press. [Adaptación española: TEA Ediciones.]
Zaccaro, A., et al. (2018). How breath-control can change your life: A systematic review on psycho-physiological correlates of slow breathing. Frontiers in Human Neuroscience, 12, 353.


